La de dejarlo con alguien

Nos pasamos la vida justificando lo que hacemos de forma emocional para no aceptar que, probablemente, nada tiene una justificación racional. Primero te gusta alguien y después piensas por qué. Primero la canción te atraviesa y después caes en la letra. La emoción siempre adelanta a la razón, nos guste o no. Por eso nos encanta simplificar. Y de entre todas las simplificaciones, una de las más frecuentes es dividir a la gente que ha pasado por nuestra vida en tres grupos: amigos, parejas y ex-parejas. Ala, y ahí nos quedamos tranquilos. Como si eso no tuviera tantos matices como conversaciones pendientes tiene cada relación con la que nos hemos chocado en la vida. Sí, he dicho chocado. Porque con una relación te chocas. Aparece de repente, te aborda y a veces cuando ni siquiera te has recuperado del impacto, se va. Y siempre te deja alguna rallada en el chasis.

En realidad hay mucho más que parejas, amigos y, por supuesto, ex-parejas. Por más que nos empeñemos en simplificar. Están, por ejemplo, los famosos amigos con derecho a roce, que es cuando se juntan dos con pánico al compromiso y hacen todo lo que hacen unos novios menos ir al Ikea. Eso libera bastante. Pero ojo, no confundir con los roces con derecho a amigo. En ese caso lo importante es la cama, no las patas en las que se sujeta. También son un clásico los ex que te vuelven a gustar solo porque te das cuenta de que ya lo han superado. O mejor dicho, ya te han superado. Y tú, que te veías en esa posición privilegiada del que deja y tiene a alguien llorando por él, de repente te das cuenta de que hay vida después de ti. Y claro, eso para nuestro frágil ego es una patada en los huevos de las fuertes.

Están aquellas personas que te mueres por ver y las que no quieres ver ni muerto. Los: tenemos un café pendiente, los: te llamaría pero es que la liamos, los: te odio tanto que te sigo queriendo, los: ¿en serio algún día me gustó alguien así? También están los: pues se le ve muy feliz sin mi, ¿sería yo el problema? Los: somos amigos y nunca pasará nada, pero alguna vez lo has pensado. Y molaba. Los: si te hubiera conocido antes… Los: eres perfecto, tienes todo lo que necesito. Ojalá me gustaras. Los: quizás algún día… Pero sobretodo, siempre nos quedarán los: pero podemos seguir siendo amigos.

O sea, aquellos con los que nos gusta seguir mintiéndonos.

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